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angiotensina[angiotensin]
f. (Bioquím.) Polipéptido de fuerte acción vasoconstrictora que estimula la producción de aldosterona y vasopresina lo que provoca un aumento de la presión sanguínea.
ingl. angiotensin [angei(o)- ἀγγεῖον gr. 'vaso', 'vaso sanguíneo', 'conducto' + tend- lat. 'poner tenso' + -s- lat. + -īn(a) quím. 'sustancia']
Leng. base: híbrido gr./lat. Neol. s. XX. Acuñada en 1957 en ingl. por E. Braun-Menéndez e I. Page. Fue descubierta esta proteína en 1939 por y se llamó hipertensina; poco después la redescubrió y la llamó angiotonina; finalmente ambos investigadores la rebautizaron de común acuerdo en 1957 como angiotensina.
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angiotensinógeno; renina
Comentario
Un acuerdo de caballeros
Una de las características del vocabulario científico es su artificialidad; es decir, está al margen de las reglas que regulan el nacimiento y evolución de las palabras del vocabulario normal. Por ello, podemos dar la partida de nacimiento de muchas palabras científicas creadas en época moderna: fecha, inventor, cambios de significado, etc. porque, en efecto, se puede seguir el rastro de estas palabras en las publicaciones científicas. Los lectores de Dicciomed pueden comprobarlo ya que procuramos dar la fecha e inventor de los neologismos en la medida en que el dato es conocido.

Este tipo de documentación es totalmente impensable en las palabras normales de la lengua porque las palabras que componen el núcleo de la lengua y han evolucionado desde el latín hasta el español, llamadas por los lingüistas palabras patrimoniales, son creaciones anónimas y sólo con dificultad y de forma aproximada se puede consignar su fecha. Mientras que los neologismos científicos no evolucionan en su forma, las palabras patrimoniales sí lo hacen porque fueron pasando de padres a hijos y sufriendo una serie de transformaciones fonéticas de acuerdo con leyes que actuaron en su evolución en determinados momentos y lugares; el especialista en lingüística románica puede predecir casi sin errores cuál es la forma que una determinada palabra latina adopta en castellano, catalán, francés, italiano, etc.; en el caso de que no sea así nos deberá decir por qué no ocurre, normalmente por fenómenos de préstamo, analogía, etc.

Un ejemplo de esta artificiosidad del vocabulario científico es el caso de angiotensina. En 1897-8 R. Tigerstedt y Bergman descubrieron, en experimentos con conejos, que el extracto de riñón, al que Tigerstedt llamó renina, producía un fuerte efecto vasoconstrictor si se inyectaba en la sangre. No se supo explicar por qué hasta que, de forma casi simultánea, en 1940, dos equipos de investigadores, uno el liderado por el argentino E. Braun-Menéndez (1903-1959), y otro, por el estadounidense I. H. Page (1901-1991), en colaboración con O. Helmer, descubrieron que la renina es un catalizador de la sustancia vasoconstrictora que Braun-Menéndez llamó hipertensina, por ser una sustancia asociada a la hipertensión, y Page angiotonina, por provocar tensión (como indica el lexema ton(o)-) en los vasos, significado que recoge el segundo lexema del compuesto, angei(o).

Durante 20 años cada uno de los equipos mantuvo el nombre, con la confusión y falta de economía que ello provocaba, pero finalmente llegaron a un acuerdo de caballeros en 1957 y llamaron esta sustancia angiotensina, la primera parte según la denominación de Page, y la segunda según la de Braun-Menéndez. Pero mientras tanto se habían descubierto más cosas, así este último investigador descubrió que existía una sustancia intermediaria entre la renina y lo que él denominaba hipertensina (después angiotensina), a la que llamó hipertensinógeno. Por su parte, Page y M.M. Rapport conseguían aislar en 1948 la serotonina que es también fundamental en los mecanismos que provocan la hipertensión arterial.

El acuerdo de caballeros que dio lugar a la denominación angiotensina provocó que hubiera que rebautizar también el hipertensinógeno que pasó a ser angiotensinógeno. Además, hoy día se sabe que hay tres formas de angiotensina que se distinguen mediante números romanos, I, II y III.

Finalmente, una reflexión. Se observa que es más fácil crear palabras que hacerlas desaparecer: en publicaciones actuales se siguen manejando los términos hipertensina, angiotonina, hipertensinógeno, aunque de forma minoritaria. Puesto que han sido condenados a desaparecer por sus creadores, nosotros no los hemos incluido en Dicciomed.

Referencias: Sobre la angiotensina, la página del prof. J.A. Tovar y el libro Angiotensin II Receptors ed. Ruffolo, CRC Press 1994.

Francisco Cortés. Enero 2008.

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