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atopia[atopy]
f. (Patol. Endocr., Metabol., Inmunol.) Reacción inmunológica patológica de tipo alérgico por acción de anticuerpos sobre las células; tiene un componente hereditario importante y sus manifestaciones más comunes son asma, rinitis alérgica y dermatitis atópica.
ingl. atopy de gr. atopíā ἀτοπία [a(n)- ἀ-/ἀν- gr. 'no', 'sin' + top(o)- τόπος gr. 'lugar' + -íā gr. 'cualidad']
Leng. base: gr. Antigua reintroducida con cambio de significado. Nuevo significado acuñado en 1923 en ingl. por R.A. Cooke, A. Fernández Coca y E.D. Perry. En gr. significa 'anomalía', 'rareza'.
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dermatitis; eritrodermia
Comentario
Cuando los médicos acuden a la consulta del filólogo
En las palabras de la semana hemos dedicado ya varios comentarios a términos relacionados con la inmunología, como inmunidad, alergia, anticuerpo; también hemos hablado del asma. Hoy nos vamos a centrar en atopia; dejamos para un comentario futuro anafilaxia. Lo que nos ha llamado la atención de este término es haber descubierto, a propósito de la puesta en marcha de la nueva sección de creadores, que los médicos que acuñaron esta palabra acudieron a un filólogo clásico. Ya hemos comentado una situación parecida a propósito de apoptosis. Decíamos entonces que es probable que muchas veces los científicos que acuñan palabras acudan a filólogos, el problema es que pocas veces tenemos información que lo documente. Como veremos, en este caso, no se trata propiamente de la acuñación de una nueva palabra, sino de la reintroducción de una palabra antigua con un nuevo significado (cosa que nuestra página de acuñaciones tiene cuidado en distinguir).

Arturo Fernández Coca (1875-1959) y Robert Anderson Cooke (1880-1960) fueron dos médicos estadounidenses especializados en alergia. El primero de ellos, como delatan sus apellidos, era de origen cubano aunque nacido en Estados Unidos; se le suele citar como Arthur F. Coca. Hicieron un descubrimiento que era, según ellos, merecedor de un término nuevo . Existían a su juicio dos tipos de reacciones alérgicas que había que distinguir con claridad, por una parte, la respuesta alérgica ante sustancias extrañas, por otra, la respuesta anómala, con un claro componente hereditario, ante sustancias que para el resto de las personas son inocuas. Estas son sus palabras en el artículo de 1923 donde lo publicaron (1):

«Este segundo grupo necesita un término especial para su designación apropiada; la palabra atopia cubre satisfactoriamente esa necesidad. Nos fue sugerida por el prof. Edward D. Perry de la U. de Columbia. La palabra griega de la que deriva el término se ha usado en el sentido de de enfermedad anómala. Sin embargo, no por ello debe emplearse la palabra para cualquier enfermedad extraña, puede restringirse su uso a la fiebre del heno y al grupo del asma.»

Muchas de las ideas que mantuvieron en este artículo se fueron revisando en años sucesivos. En primer lugar se incluyó la dermatitis atópica junto a la fiebre del heno (rinitis alérgica estacional) y asma como formas de atopia. Después se demostró que no era una enfermedad exclusivamente humana; se vio que en un porcentaje alto de casos (aunque no todos) los niveles de determinados anticuerpos (las inmunoglobulinas E) estaban alterados, etc. En fin el concepto de la enfermedad fue variando a medida que se iba comprendiendo mejor, pero el término para designarla se mantuvo.

Pero volvamos al término griego y al filólogo que lo sugirió. Probablemente Coca y Cooke le pidieron a Perry un término griego asociado a comportamiento extraño, anómalo. Pues bien, uno de los primeros pasajes que cita el diccionario Liddell-Scott (que fue el que con toda seguridad usó Perry) para explicar el uso del adjetivo átopos ἄτοπος, del que deriva el sustantivo abstracto ἀτοπία atopía, es un ejemplo de Hipócrates referido a un comportamiento extraño en una enfermedad. El adjetivo es también muy frecuente en Galeno. En realidad lo que significa propiamente es ‘imposible’, ‘extravagante’, ‘fuera de lugar’, si nos atenemos a los componentes que entran en la composición de la palabra, el prefijo negativo a- y tópos ‘lugar’, ‘región’.

En definitiva, que Perry tampoco se rompió la cabeza porque el término que propuso a los alergólogos era muy general y poco especializado, pero la palabra triunfó y sigue gozando de excelente salud.

Francisco Cortés. Noviembre de 2011.

(1) A. F. Coca & R.A. Cooke, “On the classification of the phenomena of hypersensitiveness” Jrnl. Immunol. 8.3, 1923, 163-182. Accesible en este enlace (previo pago).

Hemos usado también Th. Bieber & D.Y.M. Leung, Atopic Dermatits, Basilea 2002; J. Ring, B. Przybilla, Th. Ruzicka, Handbook of atopic eczema, Berlín 2006.

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