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calmante[calmant]
m. (Farm.) Medicamento con efecto narcótico o que disminuye el dolor u otro síntoma molesto.
[kaíō/kau- καίω gr. 'quemar' + -nte(m) lat. 'que hace']
Leng. base: lat. del gr. Neol. s. XVII. Docum. en 1598 en esp. Es un término muy poco especializado, puede entenderse como 'relajante', 'narcótico', 'analgésico', 'antitérmico'. Derivado del v. calmar y este de calma que adoptó en romances peninsulares los significados de 'bochorno' y 'bonanza' de donde, después 'reposo', 'tranquilidad'. Llegó al lat. desde el gr. en el s. IV d.C. con el valor de 'bochorno'.
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cataplasma
Comentario
Cambio de significado por metáfora marinera peninsular
Como hemos tenido la ocasión de comprobar en otros comentarios de palabras de la semana, la metáfora es un procedimiento característico para crear vocabulario médico o biológico, bueno, en realidad, sería mejor decir que es un procedimiento para crear vocabulario en cualquier lengua y lenguaje (1). No son muy frecuentes en contexto médico, sin embargo las metáforas de ámbito marinero, aunque algunas son muy conocidas y usuales como náusea o mareo.

Vamos a estudiar la metáfora subyacente en calma que es, evidentemente, de donde deriva calmante a través del verbo calmar. Tiene el término calma dos motivos de interés especiales: cauma en latín, de donde procede, es un helenismo tardío (docum. en s. IV d.C.) y el cambio de significado por metáfora que nos interesa estudiar se produjo en lenguas romances peninsulares: portugués, castellano o catalán. Después, desde la Península, la metáfora llegó a otras lenguas como italiano, francés o inglés. Advertimos que la historia que vamos a comentar es conocida y pocas novedades vamos a aportar; remitimos al DCECH de Corominas-Pascual, s.v. calma.

Debemos, pues empezar por el griego, donde kaûma καῦμα significa básicamente ‘calor abrasador’ y se aplicaba, desde Homero, al que producía el sol; después en médicos griegos añadió el significado de ‘calor causado por la fiebre’ y es un término bastante frecuente. Haciendo su etimología en el propio griego es un sustantivo que expresa el resultado de la acción del verbo kaíō καίω que significa ‘quemar’; si añadimos a ese radical un sufijo instrumental tenemos cauterio. La palabra kaûma καῦμα con el significado médico señalado pasó tal cual en el renacimiento por traducciones de autores como Hipócrates o Galeno y encontramos por trasliteración cauma con el significado de ‘calor abrasador de la fiebre’ desde 1487, tal y como señala Dicciomed, aunque es verdad que hoy día el uso de cauma en medicina es bastante residual.

Pero no es ahora esta vertiente de la historia médica de esta palabra la que nos interesa porque eso es poco original. Vamos a explorar otra vertiente; con el significado de ‘bochorno’ o ‘calor abrasador’ la encontramos en latín tardío por traducciones de la Biblia, concretamente, por ejemplo, del libro de Job 30, 30.Jerónimo de Estridón según Francisco de Zurbarán

Jerónimo de Estridón, el responsable a finales del s. IV de esta primera versión latina del texto bíblico, no se molestó en encontrar un equivalente propiamente latino del kaûma καῦμα que aparece en el texto griego de los Septuaginta y lo dejó tal cual, es decir, latín cauma con el valor semántico indicado (quizá, no haya que achacar a Jerónimo cierta desidia en su traducción, sino que entonces en latín hablado se había producido ya el préstamo, aunque no lo podamos documentar). Lo que está claro es que el uso latino escrito de cauma ‘bochorno’ está asociado a la Vulgata y a comentarios relacionados con ella y no es anterior en ningún caso al s. IV d.C.

Estudiamos ahora el paso de este cauma a lenguas romances. Frente a la evolución habitual latín au a o del castellano o catalán, ou en el caso del portugués, (ej. aurum => oro/ouro), por haberse introducido en latín en época tardía, evolucionó a al en castellano, portugués y catalán; por eso tenemos en las lenguas mencionadas calma, que no debe considerarse una evolución extraña (en castellano tenemos, por ejemplo, un doblete bien conocido recaldar frente a recaudar en un término con au secundaria). Pero no nos interesa tanto este aspecto fonético como el cambio de significado que se produjo en las tres lenguas mencionadas. En efecto, al valor de ‘calor abrasador’ que tenía en latín y en griego, en estas lenguas añadió por metonimia el de ‘bonanza’, es decir, la ‘ausencia de viento en el mar’ que coincide muy frecuentemente con situaciones meteorológicas de bochorno. El Diccionario de Autoridades (1729) define así calma: «La quietud y la tranquilidad del viento en el mar, que no se mueve ni se siente correr.»

No cabe duda de la vinculación marinera de la palabra en los primeros usos documentados en español, si uno busca la palabra en el CORDE entre los años 1274 (1ª documentación) a 1500. Los tres idiomas peninsulares conservaron, al lado del significado marinero, el original, el que tenía en latín de ‘calor abrasador’; quizá sea el español actual, de las tres lenguas mencionadas, donde esté menos claro el significado original, pero todavía el DRAE de 2001 sigue dando para calma la acepción de ‘sofoco’ que explica como “sensación de calor acompañada de sudor” (2).

El resto de la historia es sencillo. La palabra pasó con el significado marinero que hemos explicado al francés y al italiano; del francés pasó al inglés (donde se documenta ya en 1393). Después, se extendió el uso a otras situaciones ajenas al contexto marinero, cosa que ocurrió en todas estas lenguas mencionadas y adquirió el significado de ‘paz’, ‘tranquilidad’, ‘reposo’.

Solo nos queda el último salto, que en realidad son dos pequeños. A partir del sustantivo se creó el verbo, cosa que el español documenta desde 1431, al principio siempre referido al viento; en 1598 encontramos ya un uso del verbo ajeno a la meteorología, dice Fray Alonso de Cabrera en su De las consideraciones sobre todos los evangelios de la Cuaresma: «la maldad … calmada»; pero más interesante para el significado que aquí nos interesa, es un ejemplo de principios del s. XVI en el que Luis Cabrera de Córdoba en su Relación de las cosas sucedidas en la corte de España desde 1599 hasta 1614 escribe: «habiéndosele calmado la calentura»; el francés presenta usos parecidos a este último también en el s. XVI. A partir de ahí podemos considerar que pudo empezar el uso del participio activo referido a productos que bajan la fiebre, alivian el dolor, relajan e inducen el sueño. Así llegamos finalmente al participio calmante usado como sustantivo y referido a medicamentos de las cualidades indicadas (docum. en español en 1683); en francés se fecha calmant en 1751, en inglés calmant en 1811.

No deja de ser una curiosa paradoja que la palabra que en griego usaban los médicos para ‘fuerte fiebre’ haya acabado por significar en calmante ‘medicamento para bajar la fiebre’, entre otros valores ya señalados.

Francisco Cortés. Febrero de 2012.

(1) Si teclea “metaf*” en el formulario de búsqueda de Dicciomed recuperará algunos de los términos metafóricos recogidos y comentados en el diccionario.

(2) Es importante la coexistencia de ambos significados en el término para justificar que haya que atribuir a los tres romances peninsulares el cambio o nuevo significado que estamos comentando porque a veces se ha señalado que fue el italiano el origen de esta nueva acepción. Corominas-Pascual desmontan esa hipótesis que ya es desmentida por el italiano Enrico Zaccaria, en su L'elemento iberico nella lingua italiana, Bologna 1927.

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