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clítoris[clitoris]
m. (Anat.) Cuerpecillo carnoso eréctil, que sobresale en la parte más elevada de la vulva; está unido a los labios menores y consta de glande, recubierto por prepucio, y cuerpo, no visible; su estimulación provoca placer sexual.
lat. renacent. clītoris de gr. kleitorís κλειτορί-ς/-ιδος [kleid(o)- κλεῖ-ς/-δός gr. 'cerrojo', 'clavícula' + -tēr/-tōr/-tr(o)- gr. 'que hace', 'instrumento' + -is/-id(a) gr. 'elemento anatómico']
Leng. base: gr. Antigua reintroducida. Docum. en 1552 en lat. renacent. Docum. en fr. en 1611 clitoris, 1615 en ingl. En gr. aparece con el sentido actual en Rufo, s. I-II d.C. No se ha explicado convincentemente su etimología, la más admitida es la que damos, que en gr. significaría 'elemento anatómico en forma de un elemento de ciertas llaves'. Téngase en cuenta que bálano también es un elemento de otro tipo de llaves en gr., además de su sentido anatómico; otra posibilidad es relacionarlo con kleitýs κλειτύς 'colina' (Chantraine y Beekes).
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
caverna; cavernoso, sa; clitoridectomía; clitoromegalia; clitoroplastia; cunnilingus; erección; hipodermis; ninfa; ninfomanía; prepucio; vulva
 

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procedencia de la imagen: http://en.wikipedia.org/wiki/Clitoris
Comentario
Una etimología abierta a discusión
Son dos las cuestiones que vamos a tratar en el comentario de esta palabra, por un lado una cuestión etimológica, por otro, una histórica.

En el nuevo diccionario etimológico de la lengua griega de R. Beekes, Etymological Dictionary of Greek, Leiden 2010, se establece la siguiente etimología de la palabra griega kleitorís κλειτορίς; procedería de *kleítōr κλείτωρ ‘colina’ + el sufijo --is, utilizado en otros términos anatómicos derivados, así glōttís γλωττίς, que en griego significaba ‘lengüeta’ y ‘glotis’, deriva por sufijación de glôtta γλῶττα ‘lengua’. La supuesta forma *kleítōr κλείτωρ ‘colina’ reposaría sobre un radical klī- ‘estar inclinado’ + un sufijjo de agente -tōr. Según eso, el significado etimológico en griego de kleitorís sería ‘parte del cuerpo en forma de colina o elevación’, que no es en absoluto aberrante para el concepto de la palabra. Hay una dificultad en todo este razonamiento, es que *kleítōr κλείτωρ ‘colina’ no está atestiguado en griego (por eso lo escribimos con *), sólo lo está como forma de un topónimo de una población de Arcadia.

El diccionario etimológico de griego de P. Chantraine, más antiguo (1983-84), propone otra explicación etimológica para la palabra que comentamos, que vamos a intentar defender en este comentario con nuevos argumentos. Relaciona kleitorís κλειτορίς con el radical indoeuropeo *klāw- que por una parte da lugar en griego a kleîs ‘llave’ y por otra a latín clāuis, también ‘llave’. Habría que partir de un supuesto *kleítōr κλείτωρ que significaría ‘elemento que cierra’, ‘elemento de la llave’. Hemos tenido ocasión en estos comentarios de hablar de de las cerraduras y llaves de la antigüedad a propósito de clavícula. Aunque Chantraine no lo cita y se limita para apoyar su hipótesis a mencionar usos con significado sexual de thýrā θύρα ‘puerta’, llamamos ahora la atención sobre un paralelismo que quizá pueda aclarar algo. En griego bálanos βάλανος significa en sentido propio ‘bellota’ y en sentido metafórico, tanto ‘elemento de la llave en forma de bellota’, como en uso anatómico ‘bálano’. Para entender todo esto basta presentar la forma que tenía el extremo de las llaves griegas más antiguas, el que se introducía desde fuera para liberar la barra que cerraba la puerta.

Llave antigua, imagen del diccionario Daremberg-Saglio, s.v. sera

Pues bien, de forma paralela, resulta tentador pensar que a partir de un supuesto *kleítōr κλείτωρ ‘elemento de la llave’ se formó kleitorís κλειτορίς como ‘parte anatómica con parecido a determinado elemento de la llave’. Para ver a qué elemento de la llave nos estamos refiriendo ahora presentamos otra imagen del venerable Daremberg-Saglio, s.v. sera.

Llave antigua, imagen del diccionario Daremberg-Saglio, s.v. sera

Suponemos que se llamaba *kleítōr κλείτωρ a cada uno de esos salientes que tiene en su extremidad esta llave, con un mecanismo más complicado que el anterior modelo. Estos salientes guardan bastante parecido formal con el clítoris. Para entender cómo funcionaba ese tipo de llaves, vemos este esquema de una llave antigua de este tipo y su cerradura correspondiente.

Esquema del funcionamiento de una llave egipcia o asiria de los ss. XI-X a.C.

Ese término se habría especializado para su uso anatómico mediante la adición del sufijo -is del que hemos hablado más arriba. En conclusión, pensamos que la hipótesis de Chantraine sigue siendo defendible y tiene la misma dificultad en realidad que la de Beekes, el hecho de que haya que partir de una forma supuesta *kleítōr κλείτωρ ‘elemento de la llave’. A favor de esta hipótesis están el parecido formal, el paralelismo con la denominación del extremo del miembro viril a partir de otro elemento de ciertas llaves, el hecho de que no es inverosímil que no esté atestiguado un término tan técnico, dado el carácter en gran medida literario de nuestra documentación. Reconocemos, con todo, que nos movemos en un terreno bastante especulativo lo que impide adoptar una posición tajante a favor de una u otra explicación etimológico. La cuestión sigue abierta.

Pasamos ahora al comentario histórico de la palabra. A pesar de que se puedan encontrar fácilmente publicaciones que defienden que el clítoris no fue conocido anatómicamente hasta el renacimiento, es fácil demostrar que está descrito con toda claridad en textos de anatomistas griegos. Es muy ilustrativo de esta cuestión lo que se dice en la Wikipedia inglesa a este propósito sobre el hecho de que el clítoris ha sido “redescubierto” a lo largo de los últimos 2500 años en numerosas ocasiones. En el mismo sentido K. Lochrie, en su Heterosyncrasies: female sexuality when normal wasn't, Minneapolis 2005, que podemos leer aquí. Por otra parte esa investigadora pone de relieve que Avicena conocía también su existencia, aunque considerara que no era algo propio de todas las mujeres y que solo lo tenían algunas. Veamos uno de los textos griegos en que se habla del clítoris.

«Se llama ‘separación’ (skhísma) el corte del sexo de la mujer. La parte musculosa de la zona central, ‘carnecilla’ (sarkíon), ‘capullo de crisálida’ (nýmphē) y ‘capullo de mirto’ (mýrtē). Otros lo llaman ‘pielecita’ (hypodermís), otros ‘clítoris’ (kleitorís). El tocarse esa parte sin recato lo llaman ‘acariciarse el clítoris’ (kleitoriázein).» (Rufo de Éfeso, De corporis humani appellationibus, 111).

Rufo de Éfeso fue un anatomista grecorromano de los ss. I-II d.C. De igual forma podríamos citar un texto del gramático griego I. Pollux, algo posterior. No cabe duda por la cita y los distintos términos metafóricos que está utilizando para designar esta parte anatómica que se está refiriendo sin ningún género de dudas al clítoris. Pensamos además que probablemente lo que hemos traducido por “parte musculosa” podría interpretarse sin traicionar el original como “parte eréctil”. Para que la cosa quede más clara nos habla de la existencia de un término derivado que significa ‘acariciar(se) el clítoris para producir placer’. Es decir, se conocía su existencia y su función.

Pues bien, estos textos fueron traducidos al latín en el renacimiento y a partir de ahí se difundieron. Téngase en cuenta que, como era propio en las traducciones médicas renacentistas no intentaba buscarse equivalente latino de los términos griegos especializados, sencillamente se transliteraban. Las primeras traducciones renacentistas latinas de esos textos de Rufo o Póllux son de los años 1552 a 1554 (1) y en ellas se “traduce” kleitorís κλειτορίς por clitoris. Conociendo el ambiente de los médicos humanistas renacentistas y las disputas que mantenían entre ellos por ser los más listos y los que más cosas sabían, no debe extrañarnos que anatomistas como Colombo en su De re anatomica de 1559 reivindicase el descubrimiento del clítoris como ‘sede del placer femenino’. Lo mismo podría decirse de la reclamación en ese sentido de Gabriel Falopio en sus Observationes anatomicae de 1561, en las que insiste que él lo había descubierto unos años antes que su colega Colombo. Parece bastante claro que lo que habían descubierto era el texto de Rufo que por aquel entonces no dejaba de ser una rareza. Otra cosa es que, a partir de ahí, Falopio, en efecto, iniciase el estudio anatómico científico de esta parte anatómica.

Francisco Cortés. Septiembre de 2011.

Referencias bibliográficas.

(1) Traducción de Areteo y Rufo de Éfeso de Paulo Craso publicada en Venecia en 1552. Aquí podemos leer el pasaje que nos interesa.

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