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cólera[cholera]
1. m. (Patol. Infeccioso) Enfermedad aguda provocada por una infección intestinal de la bacteria Vibrio cholerae; se caracteriza por vómitos repetidos y abundantes deposiciones biliosas.
2. f. (Fisiol.) Bilis (en desuso).
3. f. (Psiquiatría/Psicol.) Ira, enojo, enfado.
lat. cholera de gr. kholérā χολέρα [khol(ē) χολή gr. 'bilis' + -er(o)- gr. + gr. ]
Leng. base: gr. Antigua. Docum. en 1250 en esp. la 2ª acep.; la 1ª acep. docum. en lat. renacentista en 1542 y en fr. choléra en 1546. En gr. significaría 'biliosa', pero desde Hipócrates, s. V a.C., tiene el significado de 'enfermedad que cursa con diarreas biliosas', como en lat. desde el s. I d.C.; este es el origen de la 1ª acep. actual. La 2ª acep. docum. en lat. en s. IV d.C. y en médicos tardíos del s. V d.C.; pasó a lat. y esp. mediev. La 3ª acep. aparece también en lat. tardío, s. IV d.C. y pasó también a lat. mediev.; docum. esta acep. en esp. en 1438.
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Comentario
La ira y la bilis en la teoría humoral
Son tres los significados que tiene cólera en español; los tres están ya en latín tardío cholera, en el s. IV d.C. Sin embargo, en griego, de donde procede la palabra, χολέρα kholérā solo significaba desde Hipócrates una cosa, ‘enfermedad que cursa con vómitos o diarreas biliosas’; nada de extrañar porque su significado original etimológico, dada la formación de la palabra, sería ‘bilioso’, como derivado de χολή kholē ‘bilis’ (1). De ahí procede el uso médico actual de la palabra (la primera acepción de Dicciomed), aunque se ha concretado y hoy alude a un tipo determinado de enfermedad infecciosa que provoca, en efecto, vómitos y deposiciones biliosas. Sin embargo, los valores habituales del término en época medieval eran otros, los que corresponden a nuestras acepciones segunda (el significado de ‘bilis’) y tercera (el significado de ‘ira’); ambos usos se pueden rastrear ya en latín tardío (TLL s.v. cholera). Los diccionarios consideran por ello con buen criterio que nuestra primera acepción se debe en realidad a una reintroducción de la palabra en el renacimiento (el Oxford English Dictionary fecha holandés colera en 1460 con un significado de ‘disentería’ y ésta sería la primera lengua moderna que lo documenta; en francés lo tenemos en cholera en 1546, en inglés en 1601, etc.). Para que quede más claro que es una reintroducción, el inglés y francés lo escriben cholera y lo distinguen así de choler (ingl. con significados de ‘bilis’, ‘ira’) y colère (francés, con el significado de ‘ira’). El español establece una diferencia de género entre nuestra primera (masculino) y, por otra parte, la segunda y tercera acepciones (femeninos).

Nuestro comentario se va a centrar en explicar estas segunda (‘bilis’) y tercera (‘ira’) acepciones. Aparecen ya en latín del s. IV d.C. y se documentan sin ningún problema en latín medieval y lenguas como español, francés, provenzal, italiano, inglés, etc. La clave es que cholera pase a significar ‘bilis’ en latín. Lo documenta de forma muy gráfica Vegecio en el s. IV d.C., cuando dice «bilis, quae cholera appellatur vulgo»; se trata, pues, de un uso popular que no es propio de médicos; es fácil explicarlo por metonimia, por designar la causa con el nombre del efecto, puesto que en la teoría humoral de la enfermedad la causa de esas dolencias que cursan con vómitos y deposiciones biliosas es un exceso de bilis. Con eso se explica bien y con sencillez la segunda acepción que es la primera documentada cronológicamente en español (desde 1250); es un término normal y habitual en la Edad Media para referirse a la bilis, sobre todo, en el contexto de la teoría humoral. No hay nada de extraño porque esa es también la forma de uso que hace del término Isidoro de Sevilla, en torno al año 600 (4.5.3).

Nos falta por explicar el tercer significado (‘ira’), que es el habitual hoy día en español en lenguaje no médico y cuya primera documentación segura en nuestra lengua es 1438. Como es bien sabido y hemos expuesto ya en los comentarios de las palabras de la semana dedicados a temperamento y humor, la teoría humoral tiene un correlato en los temperamentos asociados a cada uno de los cuatro humores fundamentales. La salud consiste según esa teoría, vigente desde Hipócrates, ss. V-IV a.C., hasta el s. XVIII, en el equilibrio (κρᾶσις krâsis o temperāmentum) entre los cuatro humores fundamentales (sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra). Sin embargo, siempre en ese equilibrio hay un humor que predomina de alguna forma sobre los demás y ese es el que marca el comportamiento o temperamento de la persona. Según eso se puede establecer este diagrama, tomado de la Wikipedia. Wikipedia, s.v. Cuatro humores La teoría humoral aplicada a los comportamientos podría ayudar a explicar que cholera pasara a significar ‘ira’ en un nuevo proceso de metonimia; sería algo parecido a los valores actuales de flema en español; al mismo tiempo sirve para nombrar uno de los cuatro humores fundamentales y los efectos psicológicos que se supone que provoca. Creemos, con todo, que también contribuyó a que se diera ese paso que el latín usara bīlis con el significado de ‘ira’ desde el s. I a.C.

Nos queda una cuestión que tiene que ver con la comprensión de la teoría humoral y su aplicación a los temperamentos. En nuestro comentario ya citado de temperamento citábamos pasajes que permitían ver el desarrollo de la vinculación entre el predominio de uno de los cuatro humores fundamentales y un determinado temperamento. Fue un proceso largo y en realidad la caracterización completa referida a los cuatro humores que pasaría a la posteridad solo aparece en textos médicos griegos o latinos en torno al s. VI d.C., es decir, once siglos después de que se formulara la teoría humoral referida a la salud. Se formuló así en lo relativo a la bilis: «Cholera rubea facit homines iracundos, ingeniosos, acutos, leues, macilentos, plurimum comedentes et cito digerentes» (2). Creemos que la relación que aquí se establece entre bilis e ira no se debe a un desarrollo tardío de la teoría humoral, sino que estaba en griego y latín desde mucho antes. En efecto el término con el que designa el griego la bilis es χολή kholē y está íntimamente emparentado con χόλος khólos que significa desde Homero, s. VIII a.C., ‘ira’. También hemos mencionado que en latín bīlis significaba ya en en el s. I a.C. ‘bilis’ e ‘ira’. Pensamos, sin que podamos demostrarlo, que la relación vendría por el sabor amargo de la bilis.

De hecho, Galeno no vincula la bilis con el carácter colérico porque esa relación no se deduce de la estricta aplicación de la teoría de los humores. Dice en su comentario al tratado hipocrático Sobre la naturaleza del hombre lo siguiente:

«Pero existe también otro razonamiento sobre la naturaleza de las cosas que tiene gran poder de persuasión, según el cual los cuatro humores son influyentes en la formación de temperamentos relacionados. Pero es preciso demostrar previamente para ese razonamiento que los temperamentos del alma son consecuencia de las mezclas del cuerpo. Sobre eso hemos escrito en otro lugar. Dado eso por supuesto, el temperamento vivo e inteligente del alma ocurre por el humor bilioso, el firme y seguro por el humor de la bilis negra, el sencillo y torpe por la sangre. La naturaleza de la flema no influye en la constitución del temperamento.» (K. XV 97).

Sin mencionarlo está pensando en la relación de los cuatro humores con los cuatro elementos; por eso asocia el predominio de la bilis con un temperamento vivo e inteligente, puesto que la bilis está relacionada con el fuego; el de la bilis negra, cuyo correlato elemental es la tierra, con un carácter firme y seguro; el de la sangre, cuyo correlato es el aire, con la sencillez y torpeza. Nada dice de la ira. En español fogoso no significa tampoco 'iracundo'.

En conclusión, la asociación entre bilis e ira no tiene que ver con la teoría humoral y es muy anterior a su formulación.

Francisco Cortés. Septiembre de 2012.

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(1) No es absolutamente segura desde el punto de vista etimológico la relación entre χολή kholē y χολέρα kholérā, véanse P. Chantraine Dictionnaire étymologique de la langue grecque: histoire des mots, Paris 1983-84 y R. Beekes, Etymological Dictionary of Greek, Leiden, Boston (Brill) 2010, s.v. χολέρα. En cualquier caso, los antiguos daban ya esa relación por válida (con toda claridad desde al menos el s. I a.C.), por lo que aunque χολή y χολέρα no tuvieran que ver etimológicamente, cosa que nos parece altamente improbable, no se invalidaría nuestro razonamiento.

(2) Vindiciano epist. ad Pentad. en V. Rose, Theodori Prisciani euporiston libri III, Lipsiae 1894, 485 ss., citado por J. Jouanna «La théorie des quatre humeurs et des quatre tempéraments dans la tradition latine (Vindicien, Pseudo-Soranos) et une source grecque retrouvée», REG 118, 138-167.

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