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diastasa[diastase]
f. (Bioquím.) Enzima de origen vegetal, contenida en ciertas semillas germinadas y otras partes de las plantas; cataliza la hidrólisis del almidón.
fr. diastase de gr. diástasis διάστασις [diá διά gr. 'separación' (sign. 1 'a través de') + sta- ἱστάναι gr. 'estar (de pie)', 'colocar' + -asa quím. 'enzima']
Leng. base: gr. Antigua reintroducida con cambio de significado. Nuevo significado acuñado en 1833 en fr. por A. Payen y J.F. Persoz. Se aplicó a las enzimas porque separan grupos moleculares; en esp. en origen diástasis, luego se remodeló con un final -asa como terminación bioquím. para enzima. En gr. significa 'separación'. Antes de esa fecha se usaba en fr. diastase como 'luxación'.
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Comentario
El sufijo -asa y la química francesa de los ss. XVIII y XIX
Vamos a estudiar una palabra que es significativa por haber sido la que inició el uso de un sufijo muy productivo que aparece en cientos de palabras; nos referimos a -asa con el valor de ‘enzima’. Vamos a ver cómo se formó y la historia que lo rodea.

Es bien sabido que la química en Francia tuvo un desarrollo muy innovador y creativo a lo largo de los ss. XVIII y XIX y ello se manifiesta en la acuñación de nuevas palabras. Dicciomed lo muestra en su selector de creadores. Si seleccionamos en los desplegables de nacionalidad “francés” y en los de especialidad “químico” nos devuelve 20 nombres de químicos franceses de las fechas indicadas.

Antoine Laurent Lavoisier

Desde un punto de vista cronológico, y también de importancia, el más antiguo de estos químicos franceses que acuñaron palabras es Antoine L. Lavoisier (1743-1794), considerado como el creador de la química moderna por dejar atrás la vieja teoría griega de los cuatro elementos que seguía vigente y con fuerza en su época. En su haber está la creación de palabras como hidrógeno, oxígeno, oxidación y óxido (las dos últimas citadas, en colaboración con otro químico del que hablamos más adelante, Guyton de Morveau). Hidrógeno y oxígeno dieron lugar al uso de un lexema sufijal que fue también muy prolífico en lenguaje científico, -geno, na, que tiene cerca de 80 palabras asignadas a él en Dicciomed y cuya creación se estudia en detalle en el comentario dedicado a oxígeno. Como vemos la importancia científica de Lavoisier se manifiesta también en la terminología. Pues bien, a pesar de que acabó en la guillotina en 1794 por su papel en la recaudación de impuestos en época de Luis XVI y en los principios de la Revolución, su trabajo dejó una huella importante.

Contemporáneo y colaborador de Lavoisier fue Louis-Bernard Guyton de Morveau (1737-1816) que reintrodujo o dio nuevo significado a las palabras amoníaco y carbono, y creó carbonato y fosfato. Un poco más joven que él fue Jean-Antoine Chaptal (1756-1832) responsable de la creación de la palabra nitrógeno. L.N. Vauquelin (1763-1829) acuñó cromo. A L.J. Gay-Lussac (1778-1850) se deben los términos glucosa e hidrácido. Y ya llegamos en este recorrido cronológico a los creadores de diastasa en 1833, Anselme Payen (1795-1871) (que dos años después acuñó otra palabra muy habitual hoy día, celulosa) y Jean-François Persoz (1805-1868).

Veamos cómo se llegó a ese término. Químicos anteriores como el citado Vauquelin y Saussure (1767-1845) habían descubierto que el almidón se podía transformar en azúcar. Biot (1774-1862) y Persoz habían estudiado una sustancia que aparecía en este proceso con unas propiedades ópticas muy concretas, una polarización dextrógira, a la que llamaron por ello dextrina. Pero Persoz y Payen querían saber más y así llegaron a la sustancia que era catalizadora de esa reacción y la llamaron diastase. Estas son sus palabras:

«Esta sustancia que hemos conseguido aislar … tiene las siguientes propiedades: es sólida, blanca, amorfa, insoluble en alcohol, soluble en agua y alcohol débil, su solución acuosa es neutra y no tiene sabor marcado, no precipita con subacetato de plomo; por sí misma se altera más o menos deprisa según la temperatura atmosférica y se hace ácida; calentada entre 65º a 75º con fécula tiene el poder admirable de separar con prontitud las vainas de la sustancia interior modificada, la dextrina, que se disuelve fácilmente en agua mientras que los tegumentos insolubles en ese líquido sobrenadan o se precipitan según los movimientos del líquido. Esta propiedad singular de separación nos decidió a dar a la sustancia que la posee el nombre de diastasa que expresa precisamente ese hecho. Esta operación bien realizada produce la dextrina más pura que nunca se haya preparado.» En este enlace se puede ver el texto original, “Mémoire sur la diastase, les principaux produits de ses réactions, et leurs applications aux arts industriels” en Annales de chimie et de physique de 1833, pp. 73 ss.

Aunque no cuentan en detalle cómo crearon la palabra, da toda la impresión que le preguntaron a algún filólogo griego que les dijera cómo se decía en griego ‘separación’ y este les contestó que διάστασις diástasis que escribieron en francés diastase. Es interesante observar el proceso fonético primero del griego al francés y después de este al español. En griego la palabra tiene un sufijo en -sis que es característico para hacer sustantivos abstractos a partir de verbos. Como puede comprobarse en el enlace anterior, en español ese sufijo se mantiene tal cual. No es de extrañar, por ello, que se pueda documentar en publicaciones químicas españolas del siglo XIX la palabra de Persoz y Payen escrita diástasis (igual que griego diástasis διάστασις) desde 1839 como puede comprobarse en este enlace. En francés las palabras que usan el sufijo -sis acaban en -se; dado que la palabra griega de la que procede es femenino, también lo es en francés y por eso la terminación en -a en español. Diastasa frente al primitivo diástasis es, por tanto, un galicismo. Obsérvese también dónde recae el acento; si no fuera por el influjo del francés el español la acentuaría como esdrújula.

Pero el interés de la palabra no acaba ni mucho menos en sí misma; lo más importante es que dio lugar a un sufijo -ase en ingl. o fr. y -asa en esp. con el significado de ‘enzima’. Pero pasó tiempo hasta llegar ahí, porque antes hubo que establecer el concepto de enzima. Un paso importante lo dio otro gran y conocido científico francés, Louis Pasteur (1822-1895) que estudió la fermentación alcohólica, es decir, el paso de azúcar a alcohol por la acción de levaduras, más concretamente, él hablaba de los fermentos de la levadura. Antoine Béchamp (1816-1908) que mantuvo una agria disputa con Pasteur porque sostenía, muchas veces con razón, que le robaba sus ideas y las hacía pasar por propias, acuñó en 1864 zymase para denominar el fermento de ciertos mohos que provocan la fermentación del azúcar de caña. Pero fue finalmente el fisiólogo alemán Wilhelm Kühne (1837-1900) quien acuñó el término enzima en 1877, sin duda a partir de la citada zimasa, insistiendo en que la enzima era una sustancia que se encontraba en la levadura. Fue el químico alemán Eduard Buchner (1860-1917) quien acabó de comprender del todo el proceso de la fermentación alcohólica gracias a los enzimas y por ello recibió el Nobel de química en 1907, además de figurar en Dicciomed como acuñador de coenzima.

Es decir, que pasaron más de 40 años entre el descubrimiento de la diastasa y la conceptualización completa de enzima; es claro que era necesario saber qué era un enzima antes de usar un sufijo con el significado de ‘enzima’. Utilizando como fuente de documentación el Oxford English Dictionary y la búsqueda cruzada de palabras terminadas en -ase con la palabra enzyme en la definición, el resultado es nada menos que 129 palabras recogidas en ese diccionario terminadas en -ase con el significado de 'enzima'. Si las colocamos por fechas tenemos primero diastasa 1833, después zimasa 1864, más adelante luciferasa creada por R. Dubois (1849-1929) en 1887 y así llamada por sus propiedades bioluminiscentes. En 1889 el holandés Martinus Willem Beijerinck (1851-1931) crea lactasa (así como otras palabras); del mismo año es inulasa. En fin así podíamos seguir. En Dicciomed están recogidas casi treinta palabras de estas características. Como es bien sabido, la idea de usar sufijos con valor significativo específico es típico de la nomenclatura química desde el tratado Méthode de nomenclature chimique publicado en 1787 en París por los citados Lavoisier, Guyton de Morveau y otros dos químicos franceses llamados Bertholet y de Fourcroy.

Pero volvamos a la constitución del propio sufijo. Procede en realidad de un falso corte puesto que la primera -a- de -asa es parte del lexema verbal. La segmentación de diástasis διάστασις en griego es diá διά que indica ‘separación’ + sta- στα- que indica ‘situación’, ‘colocación’ + -sis -σις que sirve para hacer sustantivos abstractos con lexemas verbales.

Francisco Cortés Gabaudan. Febrero de 2013.

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