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histeria[hysteria]
f. (Psiquiatría/Psicol.) Enfermedad nerviosa, crónica, que aparece en personas sensibles a la sugestión, más frecuente en la mujer que en el hombre, caracterizada por gran variedad de síntomas generalmente de tipo funcional, mutismo, fugas, amnesias, síntomas motores y a veces ataques convulsivos.
[hyster- ὑστέρα gr. 'matriz' + -íā gr. 'cualidad']
Leng. base: gr. Neol. s. XIX. En fr. hystérie en 1731, véase histérico.
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abasia; astasia; histérico, ca; histerismo
Comentario
Del útero errante al psicoanálisis pasando por la brujería
No cabe la menor duda de que histeria es una de las palabras más difíciles de definir, porque en realidad más que una entidad patológica es aquello que la sociedad de cada momento, desde sus prejuicios culturales sobre la mujer y su sexualidad, ha proyectado. Hacer la historia de los significados de histeria es en realidad hacer una historia sociológica. Por otra parte, existen excelentes monografías al respecto y en buena medida, dadas las dimensiones de estos comentarios, y, sobre todo, las limitaciones de quien esto escribe, vamos sólo a fijarnos en algunos aspectos referidos sobre todo al mundo antiguo, sin ninguna pretensión, ni de agotar el tema, ni de aportar novedades (1).

Desde un punto de vista lingüístico, es un término que no plantea ninguna dificultad. Se trata de un neologismo que se documenta por primera vez en francés hystérie en 1731. Sin embargo está basado en usos antiguos del griego, donde aparece el adjetivo hysterik-ós/-ḗ/-ón ὑστερικ-ός/-ή/-όν, derivado de hystérā ὑστέρα ‘útero’, ‘matriz’. El significado original del adjetivo es ‘relativo al útero’ o ‘que sufre del útero’. Sin embargo desde Hipócrates, s. V a.C., el primer autor en que aparece, se combina de forma repetida con pníx πνίξ ‘ahogo’, ‘sofoco’. Con estos datos no es muy fácil saber a qué se estaban refiriendo los antiguos cuando hablaban del ‘ahogo histérico’; los lectores en cada momento han hecho una interpretación (sofocos de la menopausia, crisis epiléptica, crisis de angustia, neurastenia, ataque de pánico, síndrome de conversión, etc.). Pero vamos a ver cómo la visión de los distintos médicos griegos ha influido de forma muy llamativa en la forma de entender la palabra.

La historiadora inglesa de la medicina Helen King ha hecho un estudio modélico y deslumbrante sobre la cuestión desde Hipócrates hasta el Renacimiento, en su trabajo “Once upon a Text: Hysteria from Hippocrates”, publicado en Hysteria beyond Freud, Berkeley (U. of California) 1993, 3-90, que puede leerse en Google Books en este enlace. Analiza en él con todo detalle los pasajes más relevantes sobre la cuestión de médicos antiguos. Sólo nos vamos a fijar en alguno de ellos.

Por empezar por el principio, podemos citar este curioso aforismo hipocrático: «A la mujer aquejada de males de la matriz o de parto, es bueno que le sobrevenga un estornudo.» (Aforismo 5.35). En efecto, hacer oler determinadas sustancias ha sido hasta hace un siglo uno de los procedimientos terapéuticos habituales.

Sin embargo, mucho más curiosa es la explicación que subyace a esos males de matriz o ahogos. El texto más ilustrativo es uno de Platón, contemporáneo de Hipócrates; aunque es una visión muy literaria y poco técnica, contiene ideas que manejaban médicos del momento. Se trata de la teoría del útero errante que se combina con la mayor o menor actividad sexual de la mujer, en una asociación que va a marcar también una pauta duradera.

«La matriz o el llamado útero de las mujeres soporta con dificultad, por el hecho de tener vida propia y desear concebir, permanecer durante mucho tiempo sin dar fruto en su debido momento, por ello vagabundea por todo el cuerpo y obstruye las vías por las que penetra el aire con lo que no permite respirar y provoca dificultades extremas y enfermedades muy variadas hasta que el apetito y el deseo sexual hacen que se junten ambos sexos y siembren la matriz como si fuera una tierra de labor de unos animales invisibles por su pequeñez y falta de forma ... » Platón, Timeo, 91c.

Según esa curiosa percepción no es de extrañar que uno de los tratamientos del momento fuera hacer oler cosas desagradables por la nariz y acercar a la vulva productos de aromas apetitosos para convencer al útero de que volviese a su lugar habitual. Muy poco después los conocimientos anatómicos impidieron a los médicos sostener semejante explicación que rechazan de forma tajante Sorano y Galeno.

Más allá de la causa del mal es interesante ver que la indefinición sobre qué es realmente el ‘ahogo histérico’, aquello que luego se llamó histeria, viene de antiguo. Este pasaje de Sorano lo ilustra a la perfección:

«El ahogo del útero es el cese de la respiración con pérdida del habla y anulación de la percepción provocada por una afectación del útero. La enfermedad se inicia generalmente por abortos reiterados, partos prematuros, viudedad prolongada, ausencia de menstruación, cese de la capacidad de concebir, flatulencia de la matriz. A las que sufren ese mal les sobreviene de forma paroxística un colapso, pérdida del habla, dificultad respiratoria, suspensión de la percepción, rechinar y trismo espasmódico de los dientes, convulsiones de las extremidades (a veces, sólo parálisis), meteorismo en los hipocondrios, retracción de la matriz, inflamación torácica, abultamiento de los vasos de la cara, temblores, sudoración por todo el cuerpo, carencia total o debilidad del pulso; en general la recuperación del colapso se produce al poco ... con dolor de cabeza y tendones; a veces también se llega a la locura.» (Tratados ginecológicos, 3.26).

Galeno añade un dato de interés: la posibilidad de que el mal afecte también a los hombres aunque sea mucho más raro en ellos (De difficultate respirationis K. 7.943). Ello es así porque la explicación de Galeno se aparta de los movimientos del útero y se centra más en la retención y acumulación de sustancias frías. Una de las causas de esa retención es la ausencia de relaciones sexuales en las que se producen expulsión de fluidos; por ello uno de los remedios que cita Galeno es aplicar sustancias en el sexo de la mujer para provocar el orgasmo. (El pasaje de Galeno, De locis affectis K. 8.420, no lo dice de forma tan explícita pero es así como lo interpreta la citada Helen King, 43). Este fue uno de los tratamientos que se utilizaron en los ss. XVIII y XIX, que llevó, por cierto, al invento de los vibradores, pero eso es otra historia (2).

En la Alta Edad Media, en buena medida a través de la medicina árabe, se transmitieron estas explicaciones y remedios para toda una serie de síntomas de gran variedad. En la Baja Edad Media se añadió como explicación la brujería y la posesión demoníaca, lo que llevó a la hoguera a no pocas mujeres.

En la segunda mitad del s. XVII se desarrollaron unas opiniones mucho más modernas. Thomas Sydenham (1624-1689) sostiene que la histeria imita otras enfermedades y que en buena medida es una enfermedad cultural; declara que «hysteria imitates culture», en cuanto que las manifestaciones histéricas eran producidas en realidad por las tensiones que rodeaban al paciente; observó que, curiosamente, a mayor nivel cultural y económico, más posibilidades había de padecer la enfermedad. Rompió con la vinculación con el útero: «todos sus síntomas proceden en realidad de la cabeza», por tanto, era una enfermedad que afectaba por igual a hombres que a mujeres (3).

El resto de la historia es mucho más conocida y sólo daremos alguna pincelada. Jean Marie Charcot mantuvo que era una enfermedad psicógena porque mediante hipnosis se podía hacer aparecer y desaparecer los síntomas. Estableció una clasificación en la que distinguía distintas formas con gran precisión en un intento vano de definición y concreción; luego se demostró que los experimentos de Charcot estaban falseados sin que él se diera cuenta de ello porque las pacientes con las que hacía exhibiciones públicas en buena medida actuaban. J.M. Charcot y J. Babinski con una paciente histérica en una sesión pública

Vemos en una famosa pintura de 1887 a Charcot con una de sus pacientes en una de esas sesiones. Sin embargo, esos experimentos impresionaron a Sigmund Freud qe lanzó su teoría de que la histeria y la neurosis eran manifestaciones psicógenas que podían ser curadas por procedimientos psicoanalíticos.

Hoy se puede decir que es un término en desuso por parte de los especialistas porque nadie pudo definirlo de forma definitiva.

Francisco Cortés, septiembre de 2010.

(1) Algunos estudios históricos sobre la cuestión: I. Veith, Hysteria, The History of a Disease, Chicago 1965; E. Trillat, Histoire de l’histérie, Paris 1986; N. Micklem, The Nature of Hysteria, Londres, N. York 1996.

(2) R. Maines, The Technology of Orgasm: "Hysteria," the Vibrator, and Women's sexual Satisfaction, Baltimore 1999.

(3) G.S. Rousseau, "A strange pathology: Hysteria in the Early Modern World, 1500-1800", en el ya citado Hysteria beyond Freud, 98 y ss.

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