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Lexema: org(asmo) gr. org- ὀργή     'cólera', 'excitación'

orgasmo[orgasm]
m. (Fisiol.) Culminación del placer sexual durante la cual aumenta la concentración de la sangre en los genitales hasta un máximo, se dan contracciones de los músculos de esta zona del cuerpo y se descarga la tensión sexual; en el hombre, en general, se acompaña de la eyaculación. Después tiene lugar una relajación de la región genital y en muchos casos, de todo el cuerpo.
lat. renacent. orgasmus de gr. orgasmós ὀργασμός [org- ὀργή gr. 'cólera', 'excitación' + -a- gr. + -sm(o)- gr. ]
Leng. base: gr. Antigua reintroducida con cambio parcial de significado. Docum. en 1595 en lat. renacent. Aunque aparece en gr. en Hipócrates, s. V. a.C., es discutible qué significado tenía; el v. orgáō del que deriva significaba 'tener ardor sexual', 'estar turgente'; en el uso renacentista significó 'ataque de cólera' (1611 en fr. orgasme) y 'tumefacción de un órgano', especialmente la provocada por excitación sexual (1684 en ingl.); también 'contracción espasmódica'; en fr. en 1800 se documenta ya el valor moderno.
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
anorgasmia; clímax; eyaculación; eyacular; masturbación
Comentario
La cólera y el placer sexual, a propósito de un cambio de significado
Aparentemente orgasmo es un derivado de gr. orgḗ ὀργή 'cólera'. Vamos a intentar explicar y matizar esta relación semántica.

Poca información podemos obtener de los usos de orgasmós ὀργασμός en el propio griego porque es una palabra muy rara (sólo dos usos registrados en el TLG, es decir, en toda la producción literaria y científica griega desde el s. VIII a.C. hasta el s. XV d.C.); aunque no es irrelevante, para que el término siga en uso en la actualidad, que Hipócrates sea responsable de uno de esos usos, en un contexto que no nos dice nada sobre el significado de la palabra. Orgasmós no deriva directamente de orgḗ, sino del verbo orgáō, el cual sí es derivado directo de orgḗ; además, el significado primario de orgḗ es 'ardor' y no 'cólera'. Vamos a centrarnos por tanto en los usos de ese verbo en griego porque refleja los valores semánticos orginarios de orgḗ; no significa 'estar encolerizado', como uno podría suponer, sino, hablando de sexualidad animal, 'tener ardor sexual' y 'estar en celo' y, hablando de plantas, 'estar a punto de brotar o fructificar', 'estar lleno de savia'. Es decir, ya tenía en griego clásico una aplicación sexual bastante clara. A partir de 'ardor', 'turgencia' se pasaría a 'ardor sexual' y por otro parte, de 'ardor' se pasó a 'cólera'. A este propósito, en español tenemos la expresión, hoy pasada de moda, furor uterino que el DRAE define como «Deseo violento e insaciable en la mujer de entregarse a la cópula». Lo más curioso es que se pueda aplicar el verbo orgáō a plantas o incluso humores o fluidos corporales. A Galeno le llama muchísimo la atención el aforismo 4.10 de Hipócrates y lo comenta varias veces en distintas obras, precisamente por el valor que le da Hipócrates al verbo que comentamos. Dice ese aforismo:

«Hay que purgar en las situaciones agudas si [los humores] están a punto de brotar (orgáō en el texto) en el mismo día, pues es malo demorar en tales circunstancias.»
Dice Galeno (In Hippocratis aphorismos commentarii K. 17b 668), a propósito del valor de orgáō en este aforismo, que Hipócrates ha trasladado el significado aplicado a los animales que están deseosos de copular a los humores. El intermediario de ese traslado semántico, cosa que no menciona Galeno, es el uso para plantas que están a punto de brotar; el punto en común entre el ardor sexual y las plantas a punto de brotar pensamos que es la turgencia.

Pero sin duda es mucho más interesante y relevante para el significado actual otro pasaje de Hipócrates (De semine, de natura pueri, de morbis 4), donde se nos habla de la llamada eyaculación femenina y del placer sexual de la mujer:

«Afirmo que a las mujeres en el acto sexual, por el frotamiento de sus órganos sexuales y los movimientos de la matriz, les sobreviene una especie de hormigueo en la matriz con calor y placer en el resto del cuerpo. La mujer expulsa líquidos de su cuerpo que van a su matriz unas veces, con lo que la humedecen, y otras hasta el exterior, si su matriz está abierta más de lo conveniente. Siente placer después de empezar la unión sexual todo el tiempo hasta que el hombre la deja. Si la mujer tiene ardor por unirse sexualmente (orgáō en el texto), se deja ir antes que el hombre y ya no tiene el mismo placer sexual; si no tiene ardor sexual (orgáō en el texto), tiene placer hasta el final junto con el hombre.»

En el s. XVII se reintrodujo la palabra en lenguas modernas (ya hemos comentado, a propósito de cardias, que en lenguaje científico de los ss. XVIII y XIX no es infrecuente que se reintroduzcan palabras que son sumamente raras en la antigüedad, especialmente si están atestiguadas en Hipócrates), siendo el francés la primera que lo documenta, en 1611 como 'acto de furia o rabia'. Con el valor de 'espasmo', 'contracción' se documenta en inglés en 1704, como 'ardor sexual' en ingl. en 1754. Esta es la definición del término en el diccionario etimológico inglés de Bailey de 1737:

«movimiento rápido de la sangre o de la fuerza vital animal por la que los músculos se convulsionan o se mueven con una fuerza que no es habitual.»
El significado de 'espasmo' o 'convulsión muscular' es uno de los componentes semánticos del valor moderno del término, sin embargo no está en griego; ¿cuál es su origen, entonces? Creemos que es un cruce con espasmo debido a que tanto orgasmo como espasmo comparten el mismo sufijo, -smo, un sufijo que no es muy frecuente en vocabulario médico, además de espasmo sólo aparece en marasmo y tenesmo (si exceptuamos que entra a formar parte de -ismo 'proceso patológico' que difícilmente se puede poner en relación con orgasmo). Por la vía del sufijo, por tanto, se asoció orgasmo con espasmo en el s. XVIII.

El término se especializó en latín científico en la forma orgasmus venereus que se describe así en una revista inglesa de 1776 (The Critical review, or, Annals of literature 41, 49 que cita un libro de Hamilton sobre el arte de la obstetricia de 1775):

«Por obra del orgasmus venereus y por la inyección del semen masculino, toda la zona adyacente a la matriz se pone en movimiento, las trompas de Falopio se ponen turgentes y erectas ... »

Pero, téngase en cuenta, que orgasmo venéreo se podía aplicar igualmente a la erección y turgencia del pene masculino hasta finales del s. XIX, por tanto, en la cita anterior orgasmo todavía no tiene el significado actual, sino el de 'turgencia'.

Unos años después, en 1781, un obstetra francés, bastante influyente en su época, Jean Louis Baudelocque escribía lo siguiente, en un tratado de obstetricia, en un texto que está parafraseando en buena medida el que hemos citado antes de Hipócrates, a propósito de cómo se produce la concepción y en torno al problema de la eyaculación femenina:

«[Los antiguos] imaginaban que la mujer expulsaba en el coito un líquido prolífico como el del hombre. Esta concepción, aunque generalmente aceptada, ha tenido sus detractores y algunos, incluso entre los antiguos, han sostenido que el líquido en cuestión no era sino el humor filtrado por las glándulas de la vagina y que, si, en efecto, procediera de los ovarios, ¿cómo y por dónde se expulsaría durante el embarazo? Si se juzga por el sentimiento voluptuoso y la especie de orgasmo que la mujer experimenta en la zona de las trompas en el instante que se libra a los placeres del himeneo, parecerá verosímil que fluya algún fluido de los ovarios hacia la matriz; pues esa sensación no puede deberse al líquido que se expulsa hacia el exterior, puesto que tiene lugar en la mayoría de las mujeres, independientemente de que se expulse líquido.»

Nos vamos acercando cada vez más al sentido moderno en el que se combinan tres valores semánticos: dos antiguos 'ardor sexual' y 'turgencia' y uno reciente 'convulsión espasmódica'. El valor actual está perfectamente claro en esta cita de una enciclopedia francesa de 1800 (Dictionnaire raisonné, universel d'histoire naturelle de Valmont de Bomare), a propósito de los líquidos seminales:

«Todavía no hay certeza sobre si el líquido que la voluptuosidad hace expulsar a las mujeres, sin provocarles nerviosismo, es verdaderamante un líquido seminal, prolífico como el del hombre. Parecería más probable que ese líquido que derrama la mujer no es ni un fluido nutricio ni un estimulante tan potente; que sólo está destinado a lubricar el interior de las partes genitales y que su aparición o emisión, o mejor, su salida, es la causa de esos movimientos espasmódicos y del orgasmo de placer que algunas mujeres experimentan en el coito. (Decimos algunas mujeres porque en las escenas de voluptuosidad hay muchas en las que la física del amor parece estar muda, sorda, y que sin embargo no engendran en menor medida.)»

En 1822 leemos en este Diccionario de ciencias médicas que «Hay tanta analogía entre un leve ataque epilétpico y el orgasmo espasmódico que acompaña al acto de la reproducción, que los antiguos definieron el coito epilepsia brevis.» El primer uso de orgasmo en sentido actual que aparece en el CORDE es de 1903, en la expresión orgasmo venéreo (en la novela cubana A fuego lento de E. Bobadilla). Obsérvese que se adjetiva el término en estos primeros usos con significado actual, se habla de espasmódico o de venéreo. Téngase en cuenta que según el DRAE sigue vigente, todavía hoy, además del significado que hemos comentado, una acepción de orgasmo que define como "exaltación de la vitalidad de un órgano" y que en ediciones anteriores, definía como sinónimo de eretismo.

Creemos que a partir de estos textos ha quedado clara la evolución de significado que se ha producido hasta llegar al valor actual, que, como vemos, sólo se documenta con seguridad a finales del s. XVIII y principios del XIX.

En definitiva, para llegar al significado actual que damos en nuestra definición, pensamos que se mezclaron los valores antiguos de 'ardor sexual' y 'turgencia', reintroducidos en el s. XVII, con uno que no está en la antigüedad, el de 'convulsión espasmódica' (propiciado por el hecho de compartir orgasmo y espasmo el mismo sufijo -smo), todo ello en el contexto de la discusión de la eyaculación femenina y el placer sexual, a partir, en parte, del texto de Hipócrates que hemos comentado.

Referencias bibliográficas.

Francisco Cortés. Enero de 2010.

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