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parálisis[paralysis]
f. (Patol. general) Privación o disminución del movimiento en una o varias partes del cuerpo.
[pará παρά gr. 'impropio' (sign. 1 'a lo largo de') + lýsis λύσις gr. 'descomposición']
Leng. base: gr. Antigua. En gr. parálysis παράλυσις con sentido semejante al actual (a partir de la idea etimol. de 'descomposición nerviosa') desde Teofrasto, s. IV a.C., luego frecuente en médicos como Galeno; pasó a lat. paralysis (s. I d.C.), después a lat., fr. y castellano mediev. con muchas variaciones, así paralisi docum. en 1247 y perlesía en 1348, forma que recoge todavía el DRAE en edición de 2001.
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
atetosis; botulina; cardioplejia; cicloplejia; gastroparesia; glosoplejia; hemiparesia; hemiplejia; oftalmoplejia; paraplejia; paresia; poliomielitis; tetraplejia
Comentario
Variantes de un término de origen griego
En el DRAE (Diccionario de la Real Academia) encontramos parálisis y perlesía, ambos con el mismo significado. Si nos remontamos más en el tiempo, a los siglos XIV y XV, y miramos las variantes recogidas en el interesantísimo DETEMA (Diccionario Español de Textos Médcos Antiguos), encontramos las siguientes: paralesi, paralesia, paralipsi, paralisi, paralisia, paralisim, paralisis, parallisia, paralisia, paralasia, parlasia, parlasias, parlasis, parlesia, perlegia, perlesia. El significado, en este caso, no es muy distinto en la antigüedad, Edad Media y en nuestros días, así leemos en un texto de 1498 "perlesia es molificacion de los neruios con quitamiento del sentimiento e del mouimiento."

Una de las características del lenguaje científico es que no evoluciona fonéticamente, es decir, no se atiene a las leyes fonéticas que explican los cambios que se produjeron entre el latín y el español en el vocabulario llamado por los especialistas patrimonial, el que forma su núcleo más esencial. Los términos científicos no se transmitieron, en realidad, fonéticamente, de boca a oído, sino por escrito. Esto no quiere decir que no tuvieran variantes y se deformaran a lo largo de los siglos que median, como en el ejemplo que nos ocupa, desde el s. IV a.C. hasta los siglos XIV o XV, variantes que se deben a malas lecturas, falsas etimologías, etc., no a la aplicación de leyes fonéticas.

Sin embargo, es raro que estas variantes lleguen hasta el DRAE. En efecto, a partir del Renacimiento se limpió la lengua de estos términos deformados y se volvió a los clásicos. Ello fue posible porque se redescubrieron en Occidente los textos de los autores griegos casi en su pureza original y se leyeron en sus traducciones latinas que tuvieron enorme y momentánea difusión a partir de finales del s. XV. Así se "descubrió" la forma original del término griego παράλυσις ("traducido" al lat. paralysis) y se dejó casi tal cual, parálisis. Casi siempre, al tiempo que se volvía a la forma originaria, se expurgaban en lo posible las formas que se habían utilizado en la Edad Media y que no se atenían al original. Esta labor de limpieza no pudo realizarse siempre del todo porque a veces los términos deformados se habían integrado ya en lenguaje más cotidiano. De ahí el fenómeno de los dobletes con dos formas, una culta que reproduce tal cual el original griego y otra semiculta, más alejada del modelo. Caso semejante es el de hemorroide y almorrana; hemicránea y migraña; paroniquia y panadizo; etc.

Las referencias bibliogáficas que se han citado abreviadamente pueden encontrarse aquí.

Francisco Cortés. Octubre de 2007.

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