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Lexema: tendón lat. tendōn(em)/tendin(em)     'tendón'

tendón[tendon]
1. m. (Anat.) Cordón fibroso de tejido conjuntivo en que terminan las fibras de un músculo y por el cual éste se inserta en un hueso o en otra estructura.
2. m. (Anat.) Tendón de Aquiles: El tendón, grueso y fuerte, que en la parte posterior e inferior de la pierna une el talón con la pantorrilla.
lat. mediev. tendōn(em) [tend- lat. 'poner tenso' + -ōn(em) lat. ]
Leng. base: lat. Medieval calco del gr.. Docum. en 1493 en esp. tendōn(em) es un cruce entre la palabra gr. ténōn τένων 'tendón' (etimol. 'que tensa') y el lexema lat. tend- 'poner tenso' y sólo está atestiguado en traducciones lat. del gr. del final de la Edad Media tendón de Aquiles fue introducido en lat. cient. tendo Achillis por el cirujano alemán L. Heister en 1717.
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
aponeurosis; bursitis; diastrofia; éntesis; entesopatía; fibroso, sa; ganglio; hombro; inión; miotático, ca; nervio; ocronosis; propioceptor, ra; reumatismo; sóleo; tendinitis; tendinoso, sa; tenosinovitis; vaina
 

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2.
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Comentario
La progresiva adaptación latina de un término griego
Tendón en griego se dice ténōn τένων (genitivo ténontos τένοντος) y está perfectamente documentado desde Homero, pues en la Ilíada son muy frecuentes las descripciones de heridas de guerra y se describen con mucha minucia y precisión. Veamos un ejemplo; en el canto V de la Ilíada, Eneas está a punto de perecer a manos de Diomedes:

«... mas Diomedes / el hijo de Tideo, en su mano / una piedra cogió, labor enorme, / que dos hombres aguantar no podrían, / cuales son hoy en día los mortales; / él, en cambio, aun solo, la blandía / con gran facilidad; y acertó / con ella en la cadera a Eneas, / en el lugar en el que el muslo gira / en la cadera y cótila lo llaman; / machacóle la cótila / y rompióle, además, / los dos tendones; y la áspera piedra / arrancóle la piel; pero, no obstante, / aún en pie el héroe se mantuvo, / si bien cayó de hinojos, y apoyóse / con su robusta mano en la tierra; / y, a uno y otro lado, sus dos ojos / cubrió la negra noche. Y allí / habría perecido / Eneas, el caudillo de guerreros, / si al punto no lo hubiera percibido / agudamente su madre Afrodita ... » (Traducción de A. López Eire, Edit. Cátedra, Madrid 1989.)

La etimología de la palabra en griego no plantea dificultades; es una forma nominal vinculada a la raíz ten- (la misma que usa el verbo teínō τείνω que significa 'tender', 'poner tenso') más un sufijo ont-, el mismo que usan los participios activos griegos; por tanto, la traducción literal sería 'tensor'. Hasta aquí, poco hay que comentar.

La palabra pasó al latín y primero la usó tal cual, escrita incluso en caracteres griegos, así en Celso (s. I d.C.). En los médicos latinos tardíos del s. V d.C. (Celio Aureliano o Teodoro Prisciano) aparece transliterada en la forma tenōn y unas veces se declina como una palabra latina (así hay ejemplos de ablativos tenontibus) y otras como una griega (así acuativo plural tenontas). En fin, tampoco merece mayor comentario, puesto que ésa es una evolución e integración progresiva de un helenismo en latín que es común a otras muchas palabras.

Fue durante la Edad Media cuando se produjo un fenómeno curioso, aunque fácil de explicar. En la traducción latina, fechada hacia 1350, de Nicolaus Rheginus del De usu partium de Galeno, que hemos tenido ocasión de citar en los comentarios de varias palabras de la semana (disección, tiroides, uréter y vaso) se usa la forma de plural tendones (en griego la forma correspondientes es ténontes τένοντες), en la que se observan dos cosas: se ha añadido una -d- y se ha adecuado morfológicamente la palabra al modelo de la 3ª declinación habitual, el del tipo sermō/sermōnis. La remodelación morfológica tiene poco misterio, sin embargo la incorporación de esa -d- tiene más interés. Los hablantes latinos para decir 'tender' usaban el verbo tendere. Es el verbo latino más cercano morfológica y etimológicamente al griego teinō ya citado, cuya raíz es ten-. Tanto el griego ten- como el latín tend- proceden de un verbo indoeuropeo bien atestiguado *ten- que significa 'tensar'. Si consideramos todo el proceso descrito es un ejemplo de integración gradual de un término griego en el vocabulario latino: poco a poco el latín fue adaptando un término extraño hasta que lo integró del todo, tanto en su léxico, al ponerlo en relación con tendere, como en su morfología. Sobre el resultado final no es fácil decir si se trata de una palabra griega o latina porque en realidad pertenece por igual a ambas lenguas.

En cualquier caso, esta palabra medieval es la que está presente en las lenguas modernas. La primera de ellas que la atestigua es el español, en un texto de la Cirugia rimada que se fecha en 1493. En francés se documenta en 1536 y en inglés en 1543.

Pero la historia no es tan lineal. El DETEMA documenta en textos del último tercio del s. XV variantes que demuestran que las formas griegas no habían desaparecido todavía, así tenemos documentadas tenantes, tenantos, tenanstos y thenantos. Fijémonos en tenantes. Sólo se ha cambiado el vocalismo para aproximarlo a un participio latino de la 1ª conjugación, probablemente la forma más próxima que ofrecía la morfología latina, tanto en el sentido como en la forma, del sufijo griego -ont-. También en inglés, tal y como nos informa el muy sabio OED, encontramos, incluso bien entrado el s. XVII, formas como tenauntes, tenons y tendant. En fin que esta escaramuza entre griego y latín duró muchos siglos hasta conseguir un término completamente latinizado.

J. Hyrtl en su Onomatologia anatomica, Wien 1880, nos ilustra sobre la denominación tendón de Aquiles. En la mitología griega se decía que Aquiles era invulnerable porque de pequeño fue bañado por su madre Tetis, que era una diosa, en la laguna Estigia. Pero su madre lo agarró por el talón y por eso esa parte quedó vulnerable. Hay varias versiones sobre la muerte de Aquiles pero la más conocida es que Paris acabó con él de un flechazo en el talón, único punto vulnerable. Todo esto es bien conocido. El problema es que la leyenda nos habla de talón, no del tendón de la pierna, aunque sea el que se inserta en el talón. Pues bien, Ph. Verheyen, profesor de anatomía en Lovaina fue el que introdujo chorda Achillis en 1693 refiriéndose al tendón de Aquiles. Este profesor había perdido un pie y tuvo que sufrir todavía otro corte más arriba en la misma pierna; en definitiva, por sus circunstancias personales, tenía muy presente la vulnerabilidad de Aquiles. Por otra parte, hay textos de la época de Hipócrates en los que se insiste en que si se cortaba el tendón que hoy llamamos de Aquiles se producía la muerte; es decir se asociaba el punto vulnerable de Aquiles con la parte baja de la pierna y no con el talón. Fue después, el cirujano L. Heister el primero que habló de tendo Achillis, reinterpretando a Verheyen.

Las referencias bibliogáficas que se han citado abreviadamente pueden encontrarse aquí.

Francisco Cortés. Octubre de 2009.

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