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Lexema: vitamin(a) lat. cient. uīt(a)-am-īn(a)     'amina que da vida', 'vitamina'

vitamina[vitamin]
f. (Bioquím.) Cada una de ciertas sustancias orgánicas que existen en los alimentos y que, en cantidades pequeñísimas, son necesarias para el perfecto equilibrio de las diferentes funciones vitales.
ingl. vitamine [uīta(m) lat. 'vida' + am-īn(a) bioquím. 'derivado de amoníaco', 'amina']
Leng. base: híbrido gr./lat. Neol. s. XX. Acuñada en 1912 en ingl. por C. Funk. A partir de lat. vīta 'vida' y amina; después se ha usado para sustancias que no son aminas.
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
antiblástico, ca; antivitamina; avitaminosis; beriberi ; biotina; caroteno; cítrico, ca; cobalamina; escorbuto; hipervitaminosis; hipovitaminosis; lípido; pelagra; provitamina; retinol; tocoferol; vitaminosis; xeroftalmia; xerosis; yodopsina
Comentario
Un neologismo con una etimología que resultó ser falsa
En nuestros comentarios de las palabras de la semana hemos hablado ya de etimologías erróneas (el caso de safena), de neologismos desafortunados desde el punto de vista etimológico (plasma) o de etimologías que a la larga resultan engañosas (el caso de colesterol). En esta ocasión proponemos un caso algo distinto y muy curioso: un neologismo formado por su autor con plena conciencia lingüística que, sin embargo, deja de ser verdadero desde el punto de vista etimológico poco tiempo después de su creación, al descubrirse, en investigaciones posteriores, que las bases etimológicas habían dejado de ser ciertas.

Fernando A. Navarro (médico, farmacólogo y lexicólogo) nos lo explica con toda claridad en un comentario etimológico publicado en Panace@ 1.2 (diciembre de 2000) en la sección "¿Quién lo usó por vez primera?", que se puede ver en su versión original en este enlace.

"En 1912, un investigador polaco que trabajaba en Cambridge, de nombre Casimir Funk, acuñó en inglés el término vitamine para designar una amina (sustancia nitrogenada) que él mismo había descubierto y consideraba esencial para la vida:

«[...] for purposes of simplicity I would propose to call it provisionally beri-beri vitamine» (Journal of State Medicine, 1912; 20: 347).

Poco tiempo después, no obstante, se supo que las vitaminas ni son esenciales para la vida, ni tan siquiera son aminas. El problema era serio; por un lado, el nombre vitamine ya se había impuesto entre la comunidad científica; por otro, si a este neologismo le quitamos, por impropias, las partículas vita- y -amine, se nos queda en nada.

En 1920, a instancias de J. C. Drummond, los ingleses decidieron eliminar la e final y acortar el nombre a vitamin, con lo que desaparecía por lo menos la equívoca asociación con las amines o aminas. Para nosotros, en cambio, poca utilidad tiene tal solución, pues tanto vitamine como vitamin dan en nuestro idioma «vitamina». Nos hemos quedado así con un nombre de lo más ilógico; pero es que, ¿quién ha dicho que el lenguaje -incluido el de la ciencia- haya de ser lógico?"

Dicciomed agradece a Fernando A. Navarro y a los editores de Panace@ la autorización para hacer uso de este material.

Aunque Dicciomed sea un diccionario etimológico, no hay que dejar nunca de insistir en que la etimología de un término no explica en muchas ocasiones su significado. Este es un ejemplo palmario de lo que podríamos denominar la falacia etimológica. Observamos en el ejemplo de F.A. Navarro que han ocurrido varias cosas:

1) Funk consideró en origen que la sustancia que había descubierto era fundamental para la vida. Pecó por exceso, le dio demasiada importancia a su descubrimiento y poco después se comprobó que esa sustancia era importante pero no decisiva. Por eso dejó de tener vigencia el primer elemento del compuesto.

2) Se generalizó rápidamente la palabra para otras sustancias que, con características parecidas desde el punto de vista funcional, no eran, desde el punto de vista químico, aminas, con lo que dejó de tener sentido el segundo elemento del compuesto.

3) Las palabras no son propiedad de quien las crea, tienen vida propia; no fue posible restringir el uso de vitamina a la primera sustancia para la que se acuñó; por ello no se pudo evitar que su etimología resultara engañosa. La palabra había cobrado vida propia.

Fernando A. Navarro. Abril 2008.

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