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flebotomía[phlebotomy]
f. (Cirugía) Acción y efecto de sangrar cortando una vena. Sangría.
lat. tardío phlebotomia de gr. phlebotomíā φλεβοτομία [phleb(o)- φλέ-ψ/-βός gr. 'vena' + -tomíā -τομία gr. 'corte', 'incisión quirúrgica']
Leng. base: gr. Antigua. Docum. en 1495 en esp. flebotomia y en fr. flebothomie en 1314. Docum. en lat. en Celio Aureliano, s. V d.C. En gr. phlebotomíā φλεβοτομία desde Hipócrates, s. V a.C., pasó a lat. tardío, luego en lat., fr. y castellano mediev.
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sangría
 

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procedencia de la imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Sangr%C3%ADa_(tratamiento_m%C3%A9dico)
Comentario
Debate en la medicina griega sobre la sangría
La sangría, en griego φλεβτομία phlebotomíā (traducido en latín medieval como uēnae sectio ‘corte de una vena’ y en latín renacentista desde 1536 como venesectio), fue un procedimiento terapéutico de la medicina grecolatina documentado desde Hipócrates, pero conocido y practicado desde mucho antes en Mesopotamia, Egipto, India. Por otra parte, invocando la autoridad de Hipócrates y Galeno, estuvo en uso en la medicina occidental como tratamiento habitual para muchas y diversas enfermedades hasta bien entrado el s. XIX. La postura de la medicina antigua sobre las ventajas o inconvenientes terapéuticos de este procedimiento no fue ni mucho menos unánime y existió todo un debate entre los médicos griegos y romanos con anterioridad a Galeno en torno a su conveniencia (1). Nos vamos a centrar en este comentario en ese debate. La toma de posición de Galeno, dado su enorme prestigio durante muchos siglos, y su insistencia en las bondades de la sangría como tratamiento para gran cantidad de enfermedades fue sin duda uno de los motivos de un uso excesivo y casi siempre perjudicial para el paciente hasta bien entrado el s. XIX.

Aríbalo ático de figuras rojas (480-470 a. C.), Museo del Louvre

Aunque es verdad que la sangría es mencionada varias veces como tratamiento en el Corpus hippocraticum, era uno entre otros porque Hipócrates y sus discípulos lo recomendaban solo hasta cierto punto. Según Peter Brain, autor del estudio más minucioso sobre la cuestión, Galen on Bloodletting (Cambridge U.P. 1986), fue el propio Galeno el que ofreció una versión deformada de la importancia que le daban Hipócrates y sus seguidores a la sangría para aprovechar la autoridad del padre de la medicina y justificar así su propia posición sobre la cuestión. Es verdad que grandes especialistas modernos en Hipócrates, como su principal editor moderno, Émile Littré, consideraban también, igual que lo hacía Galeno, que Hipócrates fue un claro partidario del procedimiento y responsable, por tanto, de la extensión de su uso. No vamos a entrar en esta polémica que interesa solo a especialistas (véase Brain, 112 y ss.). Podemos afirmar que Hipócrates recomendaba la sangría para varias dolencias como hemorroides, flatulencias, esquinancia (amigdalitis), dificultades para orinar, diversos dolores, vómitos, fiebres, etc., por solo citar las indicaciones de uno de sus tratados más importantes, Epidemias. Brain insiste en que sí, era uno de los tratamientos posibles, pero de ninguna manera consideraban los médicos hipocráticos que fuera el más importante; había otros muchos, como purgantes, eméticos, enemas, fomentos, vahos.

Uno de los mayores médicos griegos de todos los tiempos fue Erasístrato y, junto con Herófilo, fue responsable de que en la Alejandría griega del siglo III a.C. se profundizara en el conocimiento anatómico, decisivo para el avance de la medicina griega. Erasístrato tuvo una postura claramente contraria al uso de la sangría y de ahí que Galeno polemizara con él y con sus seguidores, muy activos en Roma en época imperial.

Galeno tiene tres tratados sobre la cuestión: De venae sectione adversus Erasistratum (Sobre la sangría en contra de Erasístrato), De venae sectione adversus Erasistrateos Romae degentes (Sobre la sangría contra los partidarios de Erasístrato instalados en Roma), De curandi ratione per venae sectionem (Del tratamiento terapéutico mediante la sangría) y pertenecen a distintas etapas de su vida.

El primero, escrito en los primeros años de su primera estancia en Roma, por tanto, poco después del año 162 d.C., es la transcripción de una sesión de debate público y arranca con fuerza, con ese gusto por la polémica tan característico de Galeno y en general de los médicos de su época:

«Me parece que merece una investigación no pequeña por qué Erasístrato, que en otras cosas del arte médica es capaz y tan cuidadoso en minucias... a la sangría, un remedio tan potente e importante, nada inferior a ninguno de los más eficaces y bien considerado por los médicos antiguos, no le dedica ningún razonamiento. Casi es imposible encontrar la palabra sangría (φλεβοτομία phlebotomía) en ningún tratado excepto una sola vez, mencionándola de pasada, en el dedicado a la expulsión de sangre [por vómitos o hemoptisis]». (K. XI.147).

De acuerdo con la teoría humoral de la que hemos hablado en los comentarios sobre las palabras humor, temperamento, melancolía, la enfermedad se produce por la falta de equilibrio en la mezcla de los cuatro humores fundamentales. En caso de exceso o acumulación de humores (más concretamente la sangre), es decir, en caso de plétora, que se manifestaba a veces en hemorragias espontáneas (por la nariz, por las hemorroides, hemoptisis, vómitos o heces sanguinolentos, etc.), es necesario evacuar sangre. Mientras que Erasístrato era partidario de la dieta, hasta matar al paciente de hambre, en palabras de Galeno, o de administrar medicamentos purgantes, este prefería la sangría porque tenía, según él importantes ventajas respecto a los purgantes o la dieta: tenía un efecto mucho más rápido, podía detenerse en el momento en que el médico lo estimaba oportuno y no tenía los efectos secundarios de los tratamientos alternativos. En la medicina antigua la menstruación femenina era considerada como un procedimiento natural del organismo para purificarse y liberarse del exceso de sangre y evitar así que se produjera la plétora. La sangría intentaba reproducir ese mecanismo salutífero.

En ese primer tratado sobre el tema, Galeno se muestra totalmente a favor del uso de la sangría como procedimiento terapéutico de primer orden para toda una serie de patologías como fiebres, inflamaciones o tumoraciones varias, cefaleas, amigdalitis, angina de pecho, hemorragias, etc. Además, si la condición del paciente lo permitía, la sangría estaba tanto más indicada cuanto más grave fuera la enfermedad o peor pronóstico tuviera. Tuvo ese primer tratado galénico sobre la sangría tanto éxito e influencia que cuando Galeno volvió a Roma y se estableció de nuevo allí, entre los años 169 a 189, se consideró en la obligación de intentar frenar mediante la publicación de un segundo tratado un uso de la sangría que incluso a él le parecía excesivo, abuso en el que habían caído precisamente esos seguidores romanos del gran Erasístrato.

«Cuando llegué por primera vez encontré a algunos médicos que tenían tanta prevención contra la sangría que en algunos casos ante un hombre que se estaba asfixiando por la plétora ni siquiera entonces usaban ese tratamiento. Y a una mujer de cerca de 21 años que por tener retenida la purificación menstrual tenía la cara roja, tosía levemente y respiraba mal, le ataban las extremidades con ligaduras de lana y le ordenaban que no comiera, en lugar de practicarle una sangría, al tiempo que nos impedían hacérsela.» (K. XI 187)

«Ocurrió que ese libro [el primero que publicó sobre la sangría, que hemos citado antes] llegó a las manos de muchos. Su discurso no era el propio de un tratado sino que estaba compuesto para un auditorio de conferencia… Incluso siendo tal y con sus muchos defectos sin embargo parece haber obtenido resultados mayores de lo esperado, pues todos los que ahora se hacen llamar seguidores de Erasístrato han llegado al extremo contrario y sin interrupción practican la sangría a todo el mundo.» (K. XI 194-5)

«El que los nuevos médicos hagan uso de la sangría como tratamiento sin hacer caso a la proporción adecuada ni a las venas que deben ser seccionadas provocará un gravísimo daño a los enfermos. Sería mejor que ellos no intentaran practicar la sangría en absoluto a que recurran a ella sin establecer lo mencionado. Pues así morían más pacientes que los que morían antes por no ser sangrados. Pues los viejos (médicos) que no practicaban la sangría en absoluto usaban otros tratamientos para vaciar, que en un espacio temporal más amplio podían conseguir lo mismo que la sangría.». (K.XI 223).

Vemos cómo Galeno ha moderado considerablemente su discurso sobre la sangría en este segundo tratado más reposado al no ser fruto de la transcripción directa de una polémica en vivo como el primero. Su tercer tratado sobre la cuestión no está dirigido ya contra nadie sino que intenta explicar los beneficios de la sangría en el marco más amplio de la fisiología y patología galénicas. Los médicos que vinieron después de Galeno, como Oribasio, Aecio, etc., no hicieron sino repetir sus posturas más extremas sobre la cuestión que fueron las que perduraron hasta el siglo XIX cuando se fue desechando ese procedimiento terapéutico y se demostró que en la inmensa mayoría de los casos estaba completamente contraindicado.

Así hoy día la palabra flebotomía no se usa en el significado de ‘sangría’ sino como procedimiento para extraer sangre para analizarla, donarla o transfundirla o al revés como vía para administrar medicamentos.

Francisco Cortés. Marzo de 2014.


(1) V. Nutton, Ancient Medicine, N. York (Routledge), 2013 (2), 240.


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