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síndrome[syndrome]
m. (Patol. general) Conjunto de síntomas y signos que concurren en una enfermedad, de forma que la presencia de alguno de ellos suele ir asociada con otros; la etiología de cada uno puede ser diversa.
[sýn σύν gr. 'con', 'unión' + drom(o)- δρόμος gr. 'carrera' + gr. ]
Leng. base: gr. Antigua reintroducida. En gr. syndromḗ συνδρομή es 'tumulto', fue con Galeno, s. II d.C., cuando adquirió el significado médico actual, reintroducida en 1519 en lat. cient.
documentación reciente de síndrome
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Esta palabra también aparece en las siguientes entradas:
angina; antieritrocito; apnea; depresión; elefantiasis; fabulación; gestosis; palíndrome; progeria; psicodiagnóstico; sida; sirenomelia
Comentario
Poniendo orden en los tumultos de síntomas y signos
Desde un punto de vista etimológico, a partir de los dos elementos léxicos que componen el término, sýn y drom-, síndrome significa 'carrera' y 'unión', es decir, una idea de precipitación ('carrera') que se concentra en un punto ('unión'); no es de extrañar que a partir de estos elementos el primer significado del término en griego sea 'tumulto'; el correlato latino, formado también por elementos léxicos muy semejantes en su significado, es 'con-currencia', 'con-curso', en el sentido de la 2ª acep. del DRAE, 'reunión simultánea de sucesos, circunstancias o cosas diferentes'.

Como término médico los primeros ejemplos seguros los encontramos en Galeno, s. II d.C., quien cita la palabra reiteradamente como un término propio de médicos empíricos. Ya hemos tenido ocasión de comentar que Galeno documenta la primera aparición de muchas palabras del vocabulario de la medicina a pesar de que él no fue un creador de vocabulario. Este es el caso de la palabra que nos ocupa hoy. La palabra debía de estar en uso médico desde el s. III a.C., sólo las circunstancias azarosas de nuestra documentación hacen que no la encontremos hasta Galeno, cinco siglos después. Es importante para la comprensión del empleo de la palabra el hecho de que fueran los médicos empíricos los que se sirvieran de ella.

La escuela médica empírica propugnaba que era inútil intentar comprender la causa y el origen de las enfermedades, lo único importante era curar, concentrarse en procedimientos terapéuticos y farmacológicos; para eso bastaba con la propia experiencia (empeiría ἐμπειρία), no se necesitaban teorías, dado que la comprensión de la naturaleza se revelaba imposible. Quienes quieran saber más de los postulados de esta escuela médica antigua pueden hacerlo leyendo el prólogo de la obra de Cornelio Celso, enciclopedista romano del s. I d.C., traducido en inglés en este enlace. En este contexto doctrinal, los síntomas y signos de las enfermedades eran un tumulto, ocurrían y concurrían de forma desordenada.

Nos dice Galeno, muy opuesto a ese planteamiento tan pesimista sobre nuestra capacidad de comprensión de los procesos naturales, en su De methodo medendi (K.10.101):

«Y no debes comprender eso sólo con los ojos, o sólo con las manos o con el resto de los sentidos, como hacen los empíricos, sino que te debes esforzar por acercarte a la propia esencia de los hechos y descubrirla con exactitud, sin conformarte con los síntomas que se muestran a nuestra percepción, lo que definen y describen los empíricos como síndrome, pues así es como consideran que debe nombrarse el acúmulo de síntomas que suceden en el lugar que está doliente.»

Por tanto, lo que pretendían los empíricos describir con esa palabra era una idea de desorden, de sucesión de manifestaciones de la enfermedad que en su perspectiva eran incomprensibles y en las que intentar poner racionalidad y orden era perder el tiempo. Había que centrarse en los remedios que se hubiera observado que eran útiles en esas circunstancias, sin intentar comprender por qué eran beneficiosos. En definitiva, los que aplicaron la palabra a la medicina partían de una visión muy negativa sobre las capacidades de la medicina para comprender tanto la naturaleza como sus desarreglos. Por fortuna ese punto de vista no prevaleció ni en el mundo antiguo, ni en el moderno; nadie más opuesto a esos planteamientos que Galeno, tan amigo de teorizar y de intentar establecer las causas de todos los fenómenos que describe mediante una explicación racional y lógica. Esa actitud, aunque con errores de interpretación garrafales desde nuestro punto de vista actual por haber acumulado muchos más saberes sobre el funcionamiento del organismo, fue la que permitió el desarrollo de la ciencia médica. Poco a poco fueron comprendiéndose las causas, los desarrollos de las enfermedades, la razón de que fueran apareciendo unos síntomas o signos asociados entre sí, mediante explicaciones cada vez mejor establecidas y asentadas.

Aunque en origen el término expresara esa idea de tumulto, de desorden en un conjunto de manifestaciones patológicas, no se entendió con posterioridad a Galeno la palabra con ese matiz. Por tanto, debemos ver otros pasajes que nos ilustren en significados más cercanos a los del uso actual del término. En efecto, aparecen usos adjetivados de la palabra y se habla de ἡ πληθωρικὴ συνδρομή hē plēthōrikē syndromē, es decir, del síndrome de la plétora, en el sentido de las distintas manifestaciones patológicas asociadas con el exceso de humores, como son, en el punto de vista de la medicina antigua, fiebres violentas, dolores de ojos o cabeza, hemorroides, menstruaciones excesivas, etc. (estamos parafraseando el contenido de un pasaje del De plenitude de Galeno, K. 7 560). Es evidente que ningún médico actual suscribiría la explicación del exceso de humores como principio causal de los síntomas o signos descritos. De forma semejante en otros pasajes se habla de ἡ κυναγχικὴ συνδρομή hē kynankhikē syndromē, que traducido en términos de medicina medieval sería el síndrome de la esquinancia, es decir de asfixia y ahogos asociados a la angina. Por su parte, Areteo de Capadocia, médico contemporáeno de Galeno, nos cuenta que los médicos antiguos hablaban de una pleuritis que consistía en un síndrome en el que se asociaban los siguientes síntomas: secreción biliosa, dolor en el costado, y fiebre no muy fuerte (De curatione acutorum morborum 1.10).

En Celio Aureliano, médico del Norte de África del s. V d.C. que escribía en latín, comprobamos que se tradujo con el término concursus por lo que no aparece la palabra en su forma griega transliterada al latín, es decir, syndrome, hasta el renacimiento (documentada en traducciones de médicos griegos en 1519).

El primer idioma moderno en que se documenta la palabra es en inglés en una fecha tan temprana como 1541 en una traducción de Galeno de Copland; algunos años más tarde aparece en francés.

Francisco Cortés. Junio de 2009.

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